01 junio 2001

¿Qué es un numerario?

En el fondo, los numerarios y los sacerdotes del Opus Dei son religiosos “disfrazados”, pues viven el celibato y tienen vida comunitaria. ¿Por qué ese empeño en presentarse como una institución eminentemente “laical”?

La gente joven entiende esto ya perfectamente. Sin embargo, si se tienen más de cincuenta o sesenta años, entenderlo es para nota, pero vamos a por ello.

En la mentalidad común de los católicos de varios siglos para acá, aparecen unos pocos tipos de fieles cristianos: los curas, los frailes y los normales. Los “curas” y los “frailes” se distinguen de los laicos por ser célibes: no se casan. Y los frailes se distinguen de los curas porque “no dicen misa”.

Esta simplificación tan plagada de inexactitudes ha calado bastante hondo, por desgracia. En los primeros tiempos del cristianismo esto no era así.

Para empezar, no existían los “frailes”, que surgieron después. Y sí que había cristianos y cristianas que se dedicaban con todas sus fuerzas al apostolado, mientras ejercían una profesión u oficio, sin recibir ninguna “consagración” especial ni ser llamados al sacerdocio.

Si uno consigue salir de aquella mentalidad tan simplificadora, puede entender que haya laicos, personas corrientes, que reciben de Dios el don del celibato con el objetivo de que su dedicación a las tareas apostólicas de la Iglesia sea más profunda y más eficaz.

Es lo que se denomina “celibato apostólico”, en el que la renuncia al matrimonio no se interpreta como un alejamiento místico de las “cosas mundanas”, sino como una elección amorosa de Dios que también está dirigida a una mayor eficacia en la evangelización: Dios necesita para extender el Opus Dei laicos que se dediquen con todas sus fuerzas al apostolado.

Esos son los numerarios y los agregados. No dejan de casarse porque estimen en poco el matrimonio: al contrario, valoran como un don de Dios el amor humano limpio y fecundo de los matrimonios cristianos, y renuncian ellos mismos a formar una familia para poder ayudar a los demás a llevar a buen término su proyecto de hogar cristiano.

En una ocasión, en el típico cuestionario de aeropuerto, al llegar a un nuevo país, el funcionario preguntó a Álvaro del Portillo por qué no se había casado. La respuesta da bastantes ideas para entender el celibato apostólico de los numerarios y los agregados del Opus Dei: “porque no he tenido tiempo”.

Con respecto a la vida en familia de los numerarios, la respuesta va en el mismo sentido. Los numerarios pueden vivir en los centros de la Obra, pero fácilmente dejan de hacerlo si hay algún motivo que lo aconseje.

La razón vuelve a ser eminentemente práctica: residiendo allí pueden con más facilidad atender los encargos apostólicos que tienen encomendados. No es una vida común canónica o conventual, sino una sencilla vida de hogar cristiano.

Por otra parte, la vida de familia de los fieles del Opus Dei no se basa en vivir bajo el mismo techo. La mayoría de ellos son supernumerarios que, viviendo en sus hogares, participan igualmente de los lazos de caridad humana y sobrenatural que unen a los fieles de la Prelatura y de sus afanes apostólicos.